CASA TOMADA (reseña)
El relato del autor argentino, da pie a diversas interpretaciones, más aún, tomando en consideración su vigencia, después de casi 80 años de haberse publicado. La casa, personaje central de la historia, no abunda en descripciones, pero nos deja claro que es demasiado amplia para acoger solamente a 2 personas: el narrador e Irene, su hermana. Ambos parecen vivir para la casa; lo primero que hacen día tras día, es dedicarse a la limpieza de la misma, y solo una vez concluidas estas labores, cada quién se dedica a sus respectivos ocios.
La casa parece tomar conciencia de qué, en su mayor parte, está siendo desperdiciada, “pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse”. De tal forma, esta parece despertar de su letargo; y tomar el control de una sección completa; aquella que, por cierto, solo era visitada por la pareja para realizar la correspondiente limpieza. A los hermanos, fuera de pequeños y pasajeros inconvenientes, no parece importarles mucho el que la mitad de la casa esté tomada, por lo que se adaptan a su nueva realidad, inclusive viendo en lo acontecido, puntos positivos.
Sin embargo, y después de un indeterminado espacio de tiempo que no parece ser prolongado, la casa termina por tomar el control del resto, obligando a sus pusilánimes habitantes, a refugiarse fuera de sus paredes. Al final del relato, el hombre, sin más posesiones que lo que lleva puesto, y en compañía siempre de su hermana, decide tirar la llave de la casa, en un último gesto de poder y egoísmo, para evitar que esta forma nadie más pueda entrar; parece decir de esta manera que, sí la casa no es de ellos, no será de nadie.
Concluye de esta forma, un relato fantástico en muchos sentidos; desde la inquietud provocada al no aclarar qué, quién o quiénes están tomando la casa (si es que eso en verdad está ocurriendo, pues la imaginación de los personajes puede ser un reflejo de un necesario desprendimiento); hasta la actitud de los hermanos ante un supuesto infortunio, ya que parecen comprender e incluso esperar los eventos que nos son narrados.
"La casa está en orden" es una famosa frase de Raúl Alfonsin, primer presidente democrático de Argentina luego de casi 30 años de dictadura militar. Esto ya en los 80. Pero para decie que la "casa" del cuento (1946) puede bien aludir también al clima político y social del país, y a cómo sus habitantes ya no pueden mantener ese orden que los "ocupa"... etc. El gesto final de tirar la llave es una imagen muy impactante.
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