jueves, 16 de octubre de 2025

Hacia un nuevo mundo


Una brisa otoñal envió directo a mi rostro un olor nauseabundo que me provocó arcadas. Era algo que conocía demasiado bien: carne en descomposición. Salí al patio, y el hedor fue insoportable. Me asomé al terreno del vecino y lo que vi me llenó de un pavor que me impidió realizar cualquier movimiento. 

sábado, 11 de octubre de 2025

El inesperado destino de un pequeño robot

Marty-O-bot me llevó al bosque. En un primer momento pensé que me iba a abandonar en el pozo de la vergüenza, dónde los robots como yo, los que aún no habían encontrado su propósito, eran abandonados y olvidados. Pero Marty-O-bot me dijo que no me preocupara, que mi destino no era ese. Le pregunté cómo lo sabía. Señaló mi cabeza, concretamente lo que sobresalía de esta. Ese trozo de metal en forma de rombo a la que no había prestado atención era una antena. Pero no una antena cualquiera, me dijo mi mentor, sino una capaz de captar la esencia más profunda de mis congéneres.
Me detuve en seco. Algo en mí hizo un clic, literalmente.

domingo, 5 de octubre de 2025

Art le corps


 

Cuando Orión adquirió a Yamila, el candidato a Nobel apresuró su clonación por miedo a perder tan exótico ejemplar. Estos especímenes tienden a enferman rápido y mueren a los pocos años. Incluso se creé que pueden morir de tristeza y soledad, a pesar de las enormes cargas de serotonina que se les brinda. Centenar de veces duplicada, formaría parte esencial de su colección, y el ciudadano del sistema seguiría sus investigaciones científicas. Era un espécimen sumamente exótico de los tiempos de la Tierra antigua, una mujer de la sociedad peruana especificó el mercader, de rasgos muy particulares.

Ecos del Valle de Eos

La vida no es una línea recta, sino un río que serpentea entre los mundos, llevando las almas de aquellos que amamos.

Me llamo Lucio Flaminio. Soy un cristiano dorado, nacido en Marte bajo los desiertos terraformados y los cielos rojizos.

viernes, 3 de octubre de 2025

El último respiro de Marte

 Antes de que el Marte prehistórico se convirtiera en un desierto rojo y árido, fue un mundo vibrante, lleno de vida. Los lagos reflejaban el sol que lo iluminaban, y las dunas doradas se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Criaturas antiguas caminaban sobre sus suelos: los lagartos marcianos surcaban las arenas con su piel escamosa adaptada al clima extremo, mientras las tortugas marcianas se refugiaban en las costas, contemplando el lento ocaso de su mundo.