En antaño los finqueros les contaban a sus paisanos muchas
anécdotas fantásticas durante las reuniones nocturnas, ya sea a la luz de una
fogata, con luz de luna o un candil; muchas de esas historias eran comentadas
con incredulidad, otras tantas recibían confirmaciones de sus oyentes que
procedían a comentar situaciones similares de las cuales habían sido testigos
directos u oído el testimonio de un conocido. Entre esas historias se hallan
los encuentros con seres descomunales que se arrastran por la selva, aplastando
arbustos y hierbas, misteriosas marcas de criaturas reptantes del ancho de un
buey. Hasta hoy se suele escuchar un relato de este tipo con sus variaciones
locales o como reminiscencias de un pasado no muy lejano, entre las primeras
veces que esta historia se contó fue de la boca Don Polibio en su casa, con la
luz de una lámpara de kerex tras un largo día de faena en el que habían
limpiado la chacra.