jueves, 11 de enero de 2024

Casa Tomada, de Julio Cortazar

Célebre relato del autor de “Rayuela” y título emblema del llamado realismo mágico, Casa Tomada narra de manera misteriosa la pérdida de un espacio en un contexto incierto dando lugar a múltiples interpretaciones acerca de lo que sucede e invitando a reflexionar sobre la “arquitectura” de la realidad como el problema que asedia al ideario moderno.

Dos hermanos de buena posición van siendo despojados de las estancias que conforman el caserón que habitan y con ello de los lujos con los que viven, pero también de sus recuerdos y aficiones, hasta terminar abandonando el lugar ya sin nada para arrojar la llave de la vivienda a una alcantarilla por temor a que alguien la usurpe. Famosa y hábilmente, el autor nunca aclara qué o quiénes toman la casa, cómo ni por qué, y muchas son las posibles identidades que se le han atribuido a ese “otro”, desde el peronismo y antiperonismo de la Argentina de los 40, hasta un freudiano “yo” desdoblado al mejor estilo Jeckyll y Hide. El componente de alegoría y metáfora combinado con la narración hacen de Casa Tomada uno de los relatos más “multiversales” (diríamos hoy) de la literatura fantástica y en español, y si bien muchos de sus elementos e imágenes son claramente referenciales y hasta toponímicos, otros están sujetos a la más libre interpretación apelando su sentido a códigos que trascienden lo literario y lo discursivo. La pérdida de ese “orden” que es la casa, de esa estructura, lo es también del dominio de lo cotidiano, sobre el que avanza algo insondable y fatal. Acaso una consciencia o entidad cuya proverbial ignorancia se antoja casi maravillosa, en la que habitan seres insensibles como fantasmas que “deben ser” expiados: ¿quién es el Otro?

La maestría del relato reside en la manera en la que torna extraño lo cotidiano sin precisar la fuente ni la naturaleza de aquello que “irrumpe” en la realidad, disponiendo además la historia como una especie de escultura cinética o uno de esos multirompecabezas a los que nos tiene habituados su autor en donde vemos distintas cosas según nos vamos “moviendo” por la obra. Cortazar creó con Casa Tomada una “interesección” extraordinaria en la que se anudan y confluyen retazos de nuestra historia y nuestra cultura, testimonios personales y la visión más universal.

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