jueves, 25 de enero de 2024

El Final

 





 

- Gran General

- Capitán, informe

- Los ejércitos están casi listos, estamos a su espera

- Culmine los preparativos, en unos momentos estaré con ustedes

- Si, Gran General

- …. Sorprende que exista la lealtad. Bueno.

 

Mientras escribo en este viejo diario solo puedo preguntar ¿Quién leerá esto?, ¿quién leerá las memorias de este general?, ¿quién leerá el fin de una vida de batallas y horrores?, ¿de triunfos sin honores?, ¿del sentido de las cosas esfumándose como este mundo al olvido? Tanto que nombrar, tanto para crear toda una posteridad, pero supongo que no importa, no importa más.

Desde auténticas maravillas fortificadas para las luchas más violentas a usar una podrida pluma en una miserable y moribunda carpa. Habiendo recorrido el planeta de todas las formas imaginables; pisado cada una de sus tierras decenas de veces y protegido como destruido muchas más veces. Antes quizás me avergonzaría al pensarlo, pero ya no vale sentir más molestia.

Aunque no pueda precisar el detonante exacto, con todas las guerras, toda la muerte y la inconmensurable miseria que perduró hasta perderse de cada memoria aún con vida, he podido sacar algunas certezas. Los momentos, las décadas, las ganancias y las perdidas, finalmente se irán con nosotros.

Miles de armas fueron usadas. Múltiples gritos fueron escuchados. Grandes mentes concibieron grandes innovaciones y decenas y decenas naciones dominaron con la misma fuerza con las que fueron dominadas. Sobre todo, lo que más puedo recordar, un sinfín de clamores sobre combatir por lo que es correcto, por lo que es justo para los pueblos.

Todas ellas condujeron a morir por mentiras, por tontas utopías que jamás pasarían y de eso puedo sentir orgullo, pues al menos esta fuerza bajo mi mando se volvió honesta; hace mucho tiempo entendió la irrelevancia de la moral tras conquistar el sol y la luna hasta no poder más. De la tontería que es usar las creencias o la consideración de lo que está bien o está mal para batallar incesantemente hasta morir o ganar.

Se muy bien que el enemigo tampoco lo considera, pues han triunfado sin sentir la más mínima piedad por los frágiles y débiles que no fueron capaces de mantener los buenos tiempos en los reinos que surgieron y con su corrupción, trajeron los males que condujeron a la desaparición de las eras por no soportar tanta guerra.

De la volátil humanidad solo puedo decir que ella misma se condenó cuando permitió al endeble ser envuelto por hasta el más ligero manto de piedad, de desmedida oportunidad y este lo tomó para transformarse en una fuerza maligna con descarriados propósitos provenientes de sucias manos y perversas mentes. Ellos cambiaron los tiempos, provocaron horrores y produjeron que el duro pasado se volviera el doloroso presente y pronto el difunto futuro para toda la especie.

He visto a las nubes arder, a la misma naturaleza callar para vernos perecer tras presenciar a todas sus creaciones ser devoradas y mutiladas hasta que dejaron de nacer. A la tierra ser arrasada mil veces, quemada mil veces y otras mil veces bañada en tanta sangre que se podrían recrear océanos, extintos aún en el más profundo de los recuerdos.

Una y otra vez dioses nacieron; una y otra vez caminaron a través de legiones en un vano intento de apoderarse del porvenir y una y otra vez cayeron junto a todos sus profetas bajo brutales cantos revolucionarios, matando tanto padres como hijos en una espiral de salvaje frenesí hasta que no quedaron más dioses, legiones o intentos, solo un canto, el canto final.

El día ha llegado, el día donde no hay más estrategias, fortalezas, escondites o armas sofisticadas; el día en que no queda nada más que enfrentar al enemigo de frente, viendo en sus ojos todos nuestros pecados como las bendiciones jamás realizadas. Un último grito, una última carga; la última batalla que dejará a la conciencia humana junto a toda su historia y el tiempo mismo volar por todos los aires hacia firmamento y morir al fin.

 

 - ¿Gran General?

- ¿Todo listo, Capitán?

- Si

- Perfecto

 

Sin consignas o banderas, ni siquiera un color que nos identifique como al enemigo que se aproxima, solo rostros tallados de rabia sin más objetivo fuera de aniquilar hasta el último de ellos por todo lo que se ha perdido. Los últimos rasgos de vida arderán sin alguna paz, perdón o consuelo con la naturaleza o cual sea el creador, solo las armas en nuestras manos, sabiendo que ya estamos muertos.

 

- Mírenlo, mírenlo muy bien porque este es el último de los corceles, preservado para este gran día. Ya no importa que somos o qué queremos, en breves instantes solo seremos uno matando al otro hasta terminar como esta árida tierra azotada por el sol y con solo los despejos de nuestra vieja gloria, marcharemos. Y si alguno consigue sobrevivir, lo felicito ahora porque, aun sean por mínimos momentos, será el dueño de todos los destinos. Hasta el final.

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