Bajo un cielo purpúreo, sobre una tierra escarlata, rodeada por formas herbáceas de colores carotenoides yace una nave atmosférica. Apenas más alta que dos personas, pero ancha y larga de proa achatada, casi como un hacha. Dos potentes motores de iones empujaban a la nave; bajo su fuselaje hay discos de ingravidez que elevan a la nave del suelo en vertical, los cuales también servían para ponerla en vertical. Esta hazaña de la inteligencia y la fuerza colectiva de la humanidad es una pionera, la primera nave tripulada que desciende sobre un mundo habitado por formas orgánicas; no obstante, carente de formas de vida con inteligencia superior. Asabiya, es su nombre; y la gran parte de sus tripulantes se hallaban fuera, recopilando muestras de las formas de vida animal y vegetal, así como con los
minerales.
