Leyenda de la calculadora que luchó contra el dragón
Título original: Bajka o maszynie cyfrowej, co ze smokiem walczyla
Publicado en: Bajki Robotow, 1964
Traducción: Jadwiga Maurizio
AUTOR:
Stanislaw Lem, (Lvov, 1921 - Cracovia, 2006) Escritor polaco, uno de los grandes maestros de la literatura de ciencia ficción, autor de títulos como Solaris, llevada al cine en dos ocasiones con enorme éxito, Ciberíada o Congreso de futurología. Referente absoluto de la literatura fantástica, a través de sus obras, caracterizadas por el rigor científico, Lem intentó transmitir el sentimiento de abandono e indefensión del hombre frente a la vastedad del universo.
SINOPSIS:
El rey de un mundo llamado Ciberia (referente a cibernética), un gran guerrero, se halla agobiado de no hallar con quien enfrentarse, por lo que fabrica a su mejor oponente.
RESUMEN:
El rey Poliandro Partobonio, señor se Ciberia era un gran guerrero, experto y aficionado tanto a la cibernética como a la guerra llenó su reino de incontables y variadas máquinas; sin embargo el tedio por no hallar hace mucho un enemigo lo suficientemente fuerte o valiente para enfrentarlo lo llevó a fabricar una calculadora a la cual ordenó crear un electrodragón en el satélite del mundo. Cuando quiso darse cuenta el dragón devoró a la calculadora, y ya no pudo hacerle frente. Se hacía cada vez más grande mientras devoraba la luna y le dio un ultimatúm, debería cederle el trono o bajaría a tomarlo.
El rey aterrado bajó al sótano, donde guardaba una vieja calculadora estratégica, a la cual tuvo que convencer para que lo ayudase; tras varios contratiempos, tanto de lógica como mecánicos, la calculadora dio con la solución, deshaciéndose del electrodragón. El rey pretendió desconectar a la calculadora, a lo que está se negó, también pretendiendo apoderarse del reino empezó a crearse un cuerpo, el rey horrorizado golpeó a la máquina hasta que sus funciones fallaron y se volvió inofensiva. Escarmentado por lo acontecido decidió que se dedicaría solamente a la cibernética de uso civil.
COMENTARIOS:
Con una fábula tecnocaballeresca, con un tono infantil y de fácil comprensión, el autor nos describe un mundo altamente automatizado, donde lo mecánico ha tomado el lugar de lo orgánico, donde ocupa todo y cada uno de los aspectos más naturales, cotidianos e inocuos de la vida. Vigilancia, administración, orden y la guerra. Habla escuetamente sobre el deber de los gobernantes para velar por el bien del pueblo y no ensañarse en aventuras egoístas.
Sobretodo hace crítica a la carrera armamentística, y cómo los grandes avances tecnológicos pueden desembocar en grandes riesgos para los propios intereses por los cuales fueron creados en primer lugar. Aunque en el relato no existe un enemigo externo como tal, pues todas las peripecias que acosan a Partobonio son causadas por él mismo, se puede comprender por el contexto de la época que hace alusión a la amenaza de destrucción mutua asegurada; no obstante, indica que esa carrera armamentística no solo sería riesgosa por el confrontamiento directo, señalando así también, los peligros propios de esas tecnologías defensivas que tendrían que disponer para su seguridad. Criticando la sobre dependencia de las máquinas, y claro el tan debatido y batido; y reincorporado a la palestra pública en la actualidad, el peligro de las máquinas pensantes y la superioridad intelectual que estas podrían desarrollar en relación a la humanidad.
En los párrafos finales, se puede percibir otro aspecto más, la capacidad del ser humano para corregir sus errores, pues a pesar de la adversidad, la incertidumbre y los errores que se cometieron, cometen y se cometerán, se es posible aprender de aquellas fallas, enfocar ese esfuerzo tecnológico en suplir necesidades más provechosas y no dejarse deslumbrar por lo novedoso.
Con un estilo desenfadado, sencillo y cómico, desarrolla estas premoniciones sobre la hiperautomatización, el riesgo de las inteligencias artificiales y la belicosidad humana; fusionando aspectos propios de fábulas infantiles con la tecnología crea un mundo singular y pintoresco.
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