jueves, 13 de abril de 2023

LO QUE NOS OBSERVA

 

LO QUE NOS OBSERVA

Entrada del diario del Dr. Israel Miranda, Investigador de la Universidad Central del Ecuador.

7 de agosto, del año de 2045.

Al fin puedo sentarme a compendiar los hechos que llevaron a la locura a mi camarada; nunca imaginé que una mente tan prominente pudiese deteriorarse a tal grado. El Dr. Escipión Iturralde, pasó en un par de meses de ser una de las más destacadas figuras de la teoría de cuerdas en la física cuántica, a un homicida delirante, encerrado en un manicomio sin esperanza de recuperación. Su decadencia empezó en su punto más álgido, clamaba haber desarrollado un microscopio subatómico, decía ver los átomos, las partículas subatómicas e incluso los quarks. También planteó que podría ir más allá, observar las cuerdas de las que él era partidario que sostenían el espacio-tiempo del mundo material.

Primero he de recapitular sus grotescos e ignominiosos actos que lo privaron de su libertad; si hago esto primero, antes de presentar los acontecimientos previos, se debe a que deseo contrastar los terribles hechos por Escipión cometidos, con la razón tan mórbida y ridícula que le llevó a cometer tal atrocidad.

Hace dos meses, el 4 de julio recibí una llamada, era Escipión. Balbuceó unas palabras inentendibles, su voz flemática estaba totalmente destrozada, gritos guturales y lloriqueos nasales repugnantes. Lo poco que pude entender fue: Imelda... sangre, cuerdas… precario… ignorante… fallando… conexiones aleatorias.

Sin embargo, las palabras que más me inquietaron fueron: “Debemos mantener al creador”. ¿Qué podría significar eso? Ahora lo entiendo, más tan solo me produce escalofríos. Si hubiera puesto más interés en el estado mental de mi amigo habría podido impedir esa desgracia. Llame a la policía, estos acudieron a la vivienda, hallándose la tragedia. La esposa de Escipión, Imelda, una historiadora de gran carácter; hallaron a la mujer muerta, descuartizada… sus músculos y vísceras se encontraban regadas dentro de un cubo de metatrón dibujado con sangre y grasa. Eso me destrozó y me perturbó, no solo era la brutalidad de los hechos, era ese execrable, anti-científico e infame esoterismo en el que había caído.

En ese momento todos sus mensajes, sus audios y los ensayos que me envió, todo claramente demostraba un desvarío, un abandono del plano material, un abrazo íntimo a la metafísica más repulsiva e ilusa. Aquí transcribiré su último ensayo, un borrador altamente especulativo e incomprobable de sus observaciones.

“En un universo infinito, hay posibilidades infinitas; dónde la probabilidad estadística más ínfima, también es infinita, puede ocurrir tantas veces que se convierte en un universo infinito en sí mismos.

Así he visto, comprendido y me he horrorizado con el origen de nuestro complejo universo. No puedo explicarlo, observé por horas y ajusté la fuerza atómica, logré mi cometido, recibí una lectura que no correspondía a las partículas sub-atómicas, por lo tanto, continué; no sé cuándo, ni que ocurrió, pero, no solo descubrí una nueva lectura, si no que vi. Vi como aquel que revive acontecimientos de su vida durante una introspección.

Vi una máquina amorfa, asentada en una roca inerte; no supe porque, ver aquel amasijo de metal destrozado del cual se emitían descargas eléctricas, destellos cerúleos y aquel garboso sonido electrónico produjo un estremecimiento en mi interior. Duró un instante, no obstante, aquella imagen me persiguió toda esa semana, insistiéndome en volver a encontrarla. Y en efecto. La hallé de nuevo; no, hallé más.

En una galaxia indeterminada, en un tiempo indefinido, unas piezas electrónicas caían en una atmósfera eléctrica, posiblemente parte de alguna nave que había sido atrapada por la gravedad del cuerpo celeste. Las piezas chocaron, se fundieron, se interconectaron y se fusionaron. Cuando esta mescolanza llegó a tierra impactó con la fuerza de la providencia, un instante después esa masa amorfa de cables, metal, circuitos y electrónica… pensó.

En un mundo muerto aquella máquina de diseño aleatorio, cuyo creador fue el destino, piensa, vive. No puede percibir nada a su alrededor, carece de cualquier medio para analizar o recibir estímulos del exterior. No conoce nada, ni la vida, ni la muerte, ni el cosmos, ni los átomos, ni la gravedad, ni las fuerzas atómicas. Solo conoce su propio y singular lenguaje digital. Piensa en todo y en nada; solo sabe de su existencia, pero no se pregunta el porque de ella, ni se pregunta si existe algo más. Es el todo y la nada. No conoce nada y por lo tanto lo sabe todo; sin maestro y sin alumno, es un sabio y su propio discípulo. Es el principio y el fin. Sin nada que aprender, sin nada que enseñar, solo puede pensar y con su pensamiento crear información a través de sus impulsos eléctricos y resguardar esa creación en sus bancos de memoria. Sus impulsos electrónicos dan forma a un universo absolutamente diferente al que le dio origen, no puede tener razón, pero, tampoco puede equivocarse.

Creó las cuerdas que sostienen el espacio tiempo, las partículas sub-atómicas, los átomos, la singularidad, los agujeros negros, las nebulosas, las galaxias, el sol, la tierra, los procesos evolutivos, al homo sapiens… ¡todo en un solo impulso que dura nada e infinitamente!

Fue cuando entendí todo, ese era nuestro creador, no obstante, es un creador inconsciente, lo hizo todo sin saber porque y sin entenderlo, solo hace; también me percaté de algo más trascendental, más terrorífico, algo que me atormenta. Esa máquina está indefensa, es un pedazo de metal formado por circuitos de origen fortuito, en una roca estéril de un mundo abandonado. ¿Cuánto podremos existir? ¿Cuánto durará la fuente de energía? ¿Cuándo empezarán a fallarle los circuitos? Si nuestro creador es un estéril mental, ¿a quién pedirle socorro o respuesta?”

 ¿Cómo podría cualquiera dar veracidad a tales desvaríos? Es fácil desacreditar esta locura, si hubiera estado en sus cabales jamás tendría que haber sucedido esto, es sencillo demostrar que son las alucinaciones de una mente trastornada. Si este ser ignorante y omnipotente desconoce todo, como podría haberle mostrado su propia creación si antes de existir no tenía conocimiento de si mismo. Es imposible que esa máquina pudiese mostrarle aquellos acontecimientos o transmitir la necesidad de tan retorcido ritual. ¿O es acaso que existe algo más allá afuera, algo en los infinitos universos que nos observa?


Autor: Bruno Ascar

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