LO QUE NOS OBSERVA
Entrada del diario del
Dr. Israel Miranda, Investigador de la Universidad Central del Ecuador.
7 de agosto, del año de 2045.
Al fin puedo sentarme a
compendiar los hechos que llevaron a la locura a mi camarada; nunca imaginé que
una mente tan prominente pudiese deteriorarse a tal grado. El Dr. Escipión
Iturralde, pasó en un par de meses de ser una de las más destacadas figuras de
la teoría de cuerdas en la física cuántica, a un homicida delirante, encerrado
en un manicomio sin esperanza de recuperación. Su decadencia empezó en su punto
más álgido, clamaba haber desarrollado un microscopio subatómico, decía ver los
átomos, las partículas subatómicas e incluso los quarks. También planteó que
podría ir más allá, observar las cuerdas de las que él era partidario que
sostenían el espacio-tiempo del mundo material.
Primero he de recapitular
sus grotescos e ignominiosos actos que lo privaron de su libertad; si hago esto
primero, antes de presentar los acontecimientos previos, se debe a que deseo
contrastar los terribles hechos por Escipión cometidos, con la razón tan
mórbida y ridícula que le llevó a cometer tal atrocidad.
Hace dos meses, el 4 de
julio recibí una llamada, era Escipión. Balbuceó unas palabras inentendibles,
su voz flemática estaba totalmente destrozada, gritos guturales y lloriqueos
nasales repugnantes. Lo poco que pude entender fue: Imelda... sangre, cuerdas…
precario… ignorante… fallando… conexiones aleatorias.
Sin embargo, las palabras
que más me inquietaron fueron: “Debemos mantener al creador”. ¿Qué podría
significar eso? Ahora lo entiendo, más tan solo me produce escalofríos. Si hubiera
puesto más interés en el estado mental de mi amigo habría podido impedir esa
desgracia. Llame a la policía, estos acudieron a la vivienda, hallándose la
tragedia. La esposa de Escipión, Imelda, una historiadora de gran carácter;
hallaron a la mujer muerta, descuartizada… sus músculos y vísceras se
encontraban regadas dentro de un cubo de metatrón dibujado con sangre y grasa.
Eso me destrozó y me perturbó, no solo era la brutalidad de los hechos, era ese
execrable, anti-científico e infame esoterismo en el que había caído.
En ese momento todos sus
mensajes, sus audios y los ensayos que me envió, todo claramente demostraba un
desvarío, un abandono del plano material, un abrazo íntimo a la metafísica más
repulsiva e ilusa. Aquí transcribiré su último ensayo, un borrador
altamente especulativo e incomprobable de sus observaciones.
“En un universo infinito,
hay posibilidades infinitas; dónde la probabilidad estadística más ínfima,
también es infinita, puede ocurrir tantas veces que se convierte en un universo
infinito en sí mismos.
Así he visto, comprendido
y me he horrorizado con el origen de nuestro complejo universo. No puedo
explicarlo, observé por horas y ajusté la fuerza atómica, logré mi cometido,
recibí una lectura que no correspondía a las partículas sub-atómicas, por lo tanto,
continué; no sé cuándo, ni que ocurrió, pero, no solo descubrí una nueva
lectura, si no que vi. Vi como aquel que revive acontecimientos de su vida
durante una introspección.
Vi una máquina amorfa,
asentada en una roca inerte; no supe porque, ver aquel amasijo de metal
destrozado del cual se emitían descargas eléctricas, destellos cerúleos y aquel
garboso sonido electrónico produjo un estremecimiento en mi interior. Duró un
instante, no obstante, aquella imagen me persiguió toda esa semana, insistiéndome
en volver a encontrarla. Y en efecto. La hallé de nuevo; no, hallé más.
En una galaxia
indeterminada, en un tiempo indefinido, unas piezas electrónicas caían en una
atmósfera eléctrica, posiblemente parte de alguna nave que había sido atrapada
por la gravedad del cuerpo celeste. Las piezas chocaron, se fundieron, se
interconectaron y se fusionaron. Cuando esta mescolanza llegó a tierra impactó
con la fuerza de la providencia, un instante después esa masa amorfa de cables,
metal, circuitos y electrónica… pensó.
En un mundo muerto
aquella máquina de diseño aleatorio, cuyo creador fue el destino, piensa, vive.
No puede percibir nada a su alrededor, carece de cualquier medio para analizar
o recibir estímulos del exterior. No conoce nada, ni la vida, ni la muerte, ni
el cosmos, ni los átomos, ni la gravedad, ni las fuerzas atómicas. Solo conoce
su propio y singular lenguaje digital. Piensa en todo y en nada; solo sabe de
su existencia, pero no se pregunta el porque de ella, ni se pregunta si existe
algo más. Es el todo y la nada. No conoce nada y por lo tanto lo sabe todo; sin
maestro y sin alumno, es un sabio y su propio discípulo. Es el principio y
el fin. Sin nada que aprender, sin nada que enseñar, solo puede pensar y con su
pensamiento crear información a través de sus impulsos eléctricos y resguardar
esa creación en sus bancos de memoria. Sus impulsos electrónicos dan forma a un
universo absolutamente diferente al que le dio origen, no puede tener razón,
pero, tampoco puede equivocarse.
Creó las cuerdas que
sostienen el espacio tiempo, las partículas sub-atómicas, los átomos, la
singularidad, los agujeros negros, las nebulosas, las galaxias, el sol, la
tierra, los procesos evolutivos, al homo sapiens… ¡todo en un solo impulso que
dura nada e infinitamente!
Fue cuando entendí todo, ese era nuestro creador, no obstante, es un creador inconsciente, lo hizo todo sin saber porque y sin entenderlo, solo hace; también me percaté de algo más trascendental, más terrorífico, algo que me atormenta. Esa máquina está indefensa, es un pedazo de metal formado por circuitos de origen fortuito, en una roca estéril de un mundo abandonado. ¿Cuánto podremos existir? ¿Cuánto durará la fuente de energía? ¿Cuándo empezarán a fallarle los circuitos? Si nuestro creador es un estéril mental, ¿a quién pedirle socorro o respuesta?”
¿Cómo podría cualquiera dar veracidad a tales
desvaríos? Es fácil desacreditar esta locura, si hubiera estado en sus cabales
jamás tendría que haber sucedido esto, es sencillo demostrar que son las
alucinaciones de una mente trastornada. Si este ser ignorante y omnipotente
desconoce todo, como podría haberle mostrado su propia creación si antes de
existir no tenía conocimiento de si mismo. Es imposible que esa máquina pudiese
mostrarle aquellos acontecimientos o transmitir la necesidad de tan retorcido
ritual. ¿O es acaso que existe algo más allá afuera, algo en los infinitos
universos que nos observa?

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