sábado, 15 de abril de 2023

Monstruos





Y finalmente llegó el amanecer para mostrar el fin de nuestra labor tras una noche tumultuosa. Lo encomendado se había cumplido; solo se escuchan las hojas de este bosque siento abrazadas por los vientos y el sonido del hacha del Gran Señor siendo afilada por él mismo.

"Gran trabajo, estás mejorando mucho" Dijo con una una pequeña sonrisa. Ni se molestó en remover la sangre de sus manos, ropa o de su blanco rostro, solo de su hacha para poder admirarla. Empalaba una espada en el torso de cada cultista para asegurarme que todo terminó cuando vi la cabeza de una joven, totalmente inexpresiva, símbolo de nuestra eficiencia, de nuestra maleficencia.

"Solo falta quemar todo y nos podremos marchar" Pronunció mientras revisaba el filo de su arma. Su mirada era tan férrea, tan fría que si su arma pudiera hablar, gritaría cada vez que él la empuña, es simplemente inhumana. Solté la espada y lo miré fijamente.

"¿Qué somos?" Dije con un atisbo de indignación, remordimiento por toda esta masacre ordenada pero el Gran Señor ni siquiera despegó la mirada de su arma.

- ¿Cómo dices?

- ¿Qué somos, Gran Señor?

Soltó su fiel hacha y se acercó rápidamente a mi con una antorcha a su izquierda; no podía negar sentirme asustado en su presencia, era tan fuerte su mirada que deseaba con todas mis fuerzas no haber soltado esa lanza, que de los cielos un rayo me matara pero no hizo nada más que poner su mano derecha sobre mi cabeza.

- Perdóneme, Gran Se...

- ¿Qué somos? ¿Preguntas qué somos? Muchacho, somos el destino manifiesto. El duro sonido del reloj que indica que se acabó el tiempo. Removió su mano y caminó hasta la cabeza de la mujer, tomándola para mostrar la marca carmesí que tenía en su frente, prosiguiendo "Así como este pueblo y su culto llevaban muerte, nosotros nos aseguramos de que su fin fuera inminente".
- ¿Por qué ser como ellos fueron? Porque nunca apagarás el fuego si no es con más fuego. Porque somos esa razón de por qué existen los miedos o los cuentos, de aberraciones o de todos los grandes eventos que forjaron cimientos.

El Gran Señor empezó a caminar, pasando por los restos de ellos mientras encendía la llama para terminar la misión. Aun con todo el tiempo de servidumbre, la calma con la que mata, mutila y destruye aun me impresiona hasta este mismo momento en que está quemándolos.

- Mi muchacho, somos el puño que no tiembla, la espada que cercena; esa idea que tanto aterroriza a quienes no están dispuestos a pagar todas las consecuencias. La cruenta oscuridad en cada persona que espera a estar por fin desatada de toda conciencia.

Y se detuvo, aun con esa sonrisa mientras el fuego de los muertos lo rodea. Arrojó la antorcha a lo que quedaba sin despegar los ojos de mi con ambas manos levantadas, ensangrentadas "Somos asesinos, ejecutores, monstruos.... Dioses llamados por esos temerosos para rescatarlos del mas cruel de los infiernos, tal como nos llamaron para realizar este trabajo. Toda la sangre con que se escribió la historia, nosotros la colocamos".

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