Asimov hace gala de su imaginación científica condensando su estilo y sus temas preferidos en una narración magistral en la que juega con la idea del tiempo, el conocimiento y la realidad literalmente desde el título mismo hasta el punto final.
En el universo de Asimov, así como en la ciencia, el conocimiento y el poder provienen de formular las preguntas correctas. Esta es una máxima de la que no escapan ni sus supercomputadoras. Y en este cuento la más poderosa de ellas debe responder a la pregunta final, que en un hábil juego de palabras resulta de algún modo ser también la “primera”, o al menos la fundamental. La famosa Multivac se ve enfrentada al desafío nada menos que de encontrar la manera de revertir la entropía, es decir, revivir el universo, como el interrogante que desveló a la humanidad hasta el momento de extinguirse en los confines de los tiempos. Siendo precisamente la resolución de ese problema de alguna manera el sentido mismo de su existencia, la todopoderosa IA, convertida para entonces en conciencia cósmica, llega de ese modo un día a la respuesta.
La historia aborda una de las grandes “obsesiones” del autor: los límites del conocimiento y del universo. Como ensayista y científico, Asimov le ha dedicado sendos pasajes y años de laboratorio al estudio de la entropía, el proceso de “envejecimiento” de las galaxias y sus posibilidades de restauración. Mientras que como autor, sus narraciones se suelen apoyar fuertemente en “el poder de la pregunta” como motor de la trama, de modo que muchas veces muchos de sus cuentos son en esencia especies de lances de una esgrima cartesiana, generalmente llevada a cabo en forma de diálogo entre dos personajes, en pos de ir depurando un proceso de raciocinio que obligadamente en algún punto requiere la intervención de un cerebro superior.
Mediante flashforward (saltos de tiempo hacia adelante) inconmensurables, se nos cuenta la historia, la evolución y el fin de nuestra especie, en un discurrir histórico en el que la única constante es la pregunta por revertir la inherente agonía del universo. La proverbial capacidad de prolepsis de Asimov nos lleva a mirarnos millones de años en el futuro hasta no poder reconocernos como parte del mismo cuerpo o entidad social, y en donde todo el conocimiento y toda la tecnología mutan en algo inesperado y a la vez previsible, tanto como lo sería el anunciado advenimiento de un dios. De lectura fluída, con imágenes y diálogos precisos, y una tensión que dispara al lector hacia el impactante desenlace, “La última pregunta” es sin duda una de los relatos más logrados del autor de Yo, Robot, y Fundación.
Se oye sumamente interesante, debo echarle un ojo a esta historia.
ResponderEliminar¡hazlo antes que las IA nos dominen!
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