domingo, 5 de octubre de 2025

Art le corps


 

Cuando Orión adquirió a Yamila, el candidato a Nobel apresuró su clonación por miedo a perder tan exótico ejemplar. Estos especímenes tienden a enferman rápido y mueren a los pocos años. Incluso se creé que pueden morir de tristeza y soledad, a pesar de las enormes cargas de serotonina que se les brinda. Centenar de veces duplicada, formaría parte esencial de su colección, y el ciudadano del sistema seguiría sus investigaciones científicas. Era un espécimen sumamente exótico de los tiempos de la Tierra antigua, una mujer de la sociedad peruana especificó el mercader, de rasgos muy particulares.

 

En ese momento, Orión no sabía sobre su nominación al Nobel, y su atención estaba puesta plenamente en el trabajo. Cuando la noticia llegó a su mente, se sorprendió tanto, que saltó de su planeta, tocando los límites de la atmósfera.

 

Unas horas más tarde, acudió a un salón artístico, en donde sería asesorado. Este era un suceso excepcional, puesto que no salía de su planeta durante siglos; y, grande fue su sorpresa cuando visualizó el arte de moda, el Art le corps. Este arte consistía en la modificación de humanos naturales en objetos de salón, obteniéndose toda clase de artilugios de belleza de primer orden y suma creatividad. El primer impacto fueron las lámparas humanas, costosas criaturas cuyos esfínteres orales apuntaban hacia arriba, alimentadas para producir luz bioluminiscente, conservaban conciencia e incluso sus ojos podían variar en color según la raza del humano originario, caucásicos, asiáticos o hispanos; hombres biblioteca cuyos brazos ordenaban libros a voluntad, y hasta posiblemente los leyeran; humanos sillones que se transportaban con sus piernas según se les llamara, e incluso candiles humanos, ojos decorativos y todo clase de seres vivos transmutados en bellas obras de arte.

 

—Te veo muy sorprendido.

 

La voz que Orión escuchó en su cabeza era una dama hermafrodita de tres metros de altura, cuello largo como un frasco de Erlenmeyer, piel rosada y cabello rubio, se acercó a Orión y dijo:

 

—Me presento, mi nombre es Afrodita, ¿en qué puedo ayudarte?

 

—Es un placer, me llamo Orión, y actualmente estoy nominado al Nobel por una pequeña contribución a la teoría de la objetividad cuántica, la cuestión es que llevo años aislado en mi planeta, y quisiera que me asesoren al respecto.

 

—Comprendo, son muy comunes los clientes que buscan regresar a la sociedad... Sólo siéntese en el sillón y enseguida regreso.

 

—Eh... Espere, esta lámpara... —la dama observó con intriga...

 

—Oh, sí, es muy hermosa, es una criatura hermosa, actualmente hay pocas a la venta, es que los naturales son muy escasos, ¿acaso le interesa, señor candidato a Nobel?

 

Orión sintió una especie de coqueteo y también un intento de ridiculización que le recordó por momentos porqué llevaba tantos siglos aislado. El surco de sus cejas se levantó, y Afrodita lo intuyó de inmediato...

 

—Oh, no se altere, déjeme invitarle una infusión, mientras se carguen los datos...

 

Ese día Orión se llevó una lámpara humana, a la vez que una deliciosa acompañante para su evento, nada mal para mi primera salida en años, pensó. Sin embargo, fue en la soledad de su laboratorio en dónde su fascinación por el art le corps comenzó a crecer. Llevó a cabo todo tipo de experimentos, incluso Afrodita le comunicó telepáticamente que ahora había un nuevo movimiento muy usado en los juegos de casino, que era la quimerización de especies. Había todo un mundo en la genética del que Orión había quedado excluido por meterse tanto en la física teórica.

 

Finalmente el día del evento llegó.

El Nobel se festejaba en la órbita de Júpiter, en una nave con forma de esfera de cristal y de proporciones lunares. Por doquier había ciudadanos del sistema con formas realmente innovadoras, entonces llegó el momento esperado. Mientras todos bajaban de sus naves en plataformas flotantes, Orión descendió subido a una plataforma humana. Yamila había sido modificada para que su cuerpo fuese similar al de una mantis religiosa gigante, de seis piernas, con su cabeza mirando al frente y sus brazos hacia delante, como un centauro muy particular; su cuerpo desnudo llevaba decoraciones con la flora de lo que Orión y Afrodita supusieron era su hábitat terrestre, y parados sobre su lomo de forma recta, se acercaron a paso ligero hasta la ceremonia. Las miradas fascinadas, especulaban con el asombroso vehículo, digno de un genio de muy buen gusto. Pero eso no era todo, puesto que el vestido de Afrodita, estaba hecho a su vez de suave piel de coreanas; entonces, Orión se sonrojó.

Esta vez no importaba quién fuese el ganador, él ya había ganado.

 

Fer Romero

 

1 comentario:

  1. Ufff, que viaje. Me hizo acordar al cuanto que leímos de Smith (el del nombre raro). Es un mundo intrigante y perverso este que creaste. Y cómo ya lo sabés, hay mucho por explorar de este universo, muchas cosas por descubrir. Me llamó la atención el aislamiento al que se sometió el protagonista y me quedé con ganas de saber más de Yamila.

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