Cuando Orión adquirió a Yamila, el candidato a Nobel apresuró su clonación por miedo a perder tan exótico ejemplar. Estos especímenes tienden a enferman rápido y mueren a los pocos años. Incluso se creé que pueden morir de tristeza y soledad, a pesar de las enormes cargas de serotonina que se les brinda. Centenar de veces duplicada, formaría parte esencial de su colección, y el ciudadano del sistema seguiría sus investigaciones científicas. Era un espécimen sumamente exótico de los tiempos de la Tierra antigua, una mujer de la sociedad peruana especificó el mercader, de rasgos muy particulares.
En ese momento, Orión no sabía sobre su
nominación al Nobel, y su atención estaba puesta plenamente en el trabajo.
Cuando la noticia llegó a su mente, se sorprendió tanto, que saltó de su
planeta, tocando los límites de la atmósfera.
Unas horas más tarde, acudió a un salón
artístico, en donde sería asesorado. Este era un suceso excepcional, puesto que
no salía de su planeta durante siglos; y, grande fue su sorpresa cuando
visualizó el arte de moda, el Art le corps. Este arte consistía en la
modificación de humanos naturales en objetos de salón, obteniéndose toda clase
de artilugios de belleza de primer orden y suma creatividad. El primer impacto
fueron las lámparas humanas, costosas criaturas cuyos esfínteres orales
apuntaban hacia arriba, alimentadas para producir luz bioluminiscente,
conservaban conciencia e incluso sus ojos podían variar en color según la raza
del humano originario, caucásicos, asiáticos o hispanos; hombres biblioteca
cuyos brazos ordenaban libros a voluntad, y hasta posiblemente los leyeran;
humanos sillones que se transportaban con sus piernas según se les llamara, e
incluso candiles humanos, ojos decorativos y todo clase de seres vivos
transmutados en bellas obras de arte.
—Te veo muy sorprendido.
La voz que Orión escuchó en su cabeza era
una dama hermafrodita de tres metros de altura, cuello largo como un frasco de
Erlenmeyer, piel rosada y cabello rubio, se acercó a Orión y dijo:
—Me presento, mi nombre es Afrodita, ¿en
qué puedo ayudarte?
—Es un placer, me llamo Orión, y
actualmente estoy nominado al Nobel por una pequeña contribución a la teoría de
la objetividad cuántica, la cuestión es que llevo años aislado en mi planeta, y
quisiera que me asesoren al respecto.
—Comprendo, son muy comunes los clientes
que buscan regresar a la sociedad... Sólo siéntese en el sillón y enseguida
regreso.
—Eh... Espere, esta lámpara... —la dama
observó con intriga...
—Oh, sí, es muy hermosa, es una criatura
hermosa, actualmente hay pocas a la venta, es que los naturales son muy escasos,
¿acaso le interesa, señor candidato a Nobel?
Orión sintió una especie de coqueteo y
también un intento de ridiculización que le recordó por momentos porqué llevaba
tantos siglos aislado. El surco de sus cejas se levantó, y Afrodita lo intuyó
de inmediato...
—Oh, no se altere, déjeme invitarle una
infusión, mientras se carguen los datos...
Ese día Orión se llevó una lámpara humana,
a la vez que una deliciosa acompañante para su evento, nada mal para mi primera
salida en años, pensó. Sin embargo, fue en la soledad de su laboratorio en
dónde su fascinación por el art le corps comenzó a crecer. Llevó a cabo todo
tipo de experimentos, incluso Afrodita le comunicó telepáticamente que ahora había
un nuevo movimiento muy usado en los juegos de casino, que era la quimerización
de especies. Había todo un mundo en la genética del que Orión había quedado
excluido por meterse tanto en la física teórica.
Finalmente el día del evento llegó.
El Nobel se festejaba en la órbita de
Júpiter, en una nave con forma de esfera de cristal y de proporciones lunares.
Por doquier había ciudadanos del sistema con formas realmente innovadoras,
entonces llegó el momento esperado. Mientras todos bajaban de sus naves en
plataformas flotantes, Orión descendió subido a una plataforma humana. Yamila había
sido modificada para que su cuerpo fuese similar al de una mantis religiosa
gigante, de seis piernas, con su cabeza mirando al frente y sus brazos hacia
delante, como un centauro muy particular; su cuerpo desnudo llevaba
decoraciones con la flora de lo que Orión y Afrodita supusieron era su hábitat
terrestre, y parados sobre su lomo de forma recta, se acercaron a paso ligero
hasta la ceremonia. Las miradas fascinadas, especulaban con el asombroso
vehículo, digno de un genio de muy buen gusto. Pero eso no era todo, puesto que
el vestido de Afrodita, estaba hecho a su vez de suave piel de coreanas;
entonces, Orión se sonrojó.
Esta vez no importaba quién fuese el
ganador, él ya había ganado.
Fer Romero

Ufff, que viaje. Me hizo acordar al cuanto que leímos de Smith (el del nombre raro). Es un mundo intrigante y perverso este que creaste. Y cómo ya lo sabés, hay mucho por explorar de este universo, muchas cosas por descubrir. Me llamó la atención el aislamiento al que se sometió el protagonista y me quedé con ganas de saber más de Yamila.
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