miércoles, 21 de agosto de 2024

Vidrios a la Deriva, de Samuel Delany

Después de algunos meses de impass retomamos las lecturas grupales en nuestro chat de whatsapp habiendo elegido para este “regreso” un relato de Samuel Delany, quien quizás no es tan citado como otros referentes de la corriente pero que sin duda la representa de manera cabal, teniendo además el honor y la fortuna de ser junto con Silverberg y Spinrad, uno de los tres exponentes de la rama estadounidense que continúan vivos.

Vidrios a la Deriva inicia como una suerte de “fresco intimista” en el que se retrata la vida de Cal Svenson, un hombre anfibio varado en una pequeña comunidad costera de Brasil, en donde los pescadores conviven con otros hombres peces como él, modificados cuando jóvenes para poder descender al lecho del océano a realizar operaciones industriales comandadas por una supra organización conocida solo como el Cuerpo Acuático Internacional, y que lleva desde hace años la infructuosa empresa de tender un conducto energético entre las laderas de un volcán submarino. En su juventud Cal fue oficial del Cuerpo Acuático, pero tras sufrir un grave accidente que lo mutiló, pasa sus días recorriendo las playas de aquel lugar en busca de trozos de vidrio que trae el mar. Como un pez fuera del agua, metafórica y literalmente Cal asume la tarea imposible de rehacerse en tanto que hombre en aquella especie de región limilar representada por el lejano pueblo costero cual nexo entre una civilización submarina a la que no pudo pertenecer y una que habita colonias en otros mundos a la que ni siquiera puede imaginar. 

Con naturalidad, hija de una suma destreza para describir el mundo a través de sus personajes, como lo hacen los niños que al estudiar las insinuaciones de una flor escudriñan la esencia misma de la vida, Delany construye una mirada entre filosófica y poética acerca de la superposición de mundos y sus formas de “ser” a partir de la interacción entre los habitantes de aquella bahía en la que rige un “diálogo” constante acerca de lo transhumano. Pasado y futuro, terrestre y submarino, planetario e interestelar, todo confluye y se yuxtapone en aquel (no) lugar. A través de sus recuerdos y cavilaciones, hábilmente Delany hace perceptible al lector aquello que para el protagonista es imposible de ver: la compleja trama de cambio político y social en la que brega junto a los otros personajes por encontrar su sitio. Significativamente, la escena en la que durante una especie de celebración entre todos dan caza a un gran pez, es el único momento en el que Cal se siente realizado, actuando en conjunto como si verdaderamente fueran una entidad multicorporal, en lo que constituye además el pasaje del cuento más bellamente narrado.

Brillante relato acerca del impacto sobre lo humano que tiene la expansión de nuestra sociedad, explorando sus sentidos y sus formas a través de los “mapas nocturnos” que nos brindan las profundidades marinas y estelares. La revelación final acerca de la naturaleza de aquellos vidrios que el protagonista religiosamente busca y recoge, y que dan nombre al cuento, es por demás conmovedora.


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