Muy grata lectura de este cuento de Henry Kuttner acerca de un hombre que compra un tocadiscos-autómata sin saberlo, con desopilantes consecuencias; el retomo de la actividad de lectura y debate en el grupo tras un buen tiempo de letargo, y un intercambio entre los miembros viejos y nuevos con el que seguimos conociendo y explorando la ciencia ficción new wave.
Luego del “traspié” con Stanislaw Lem (a mí me costó mucho leerlo a sabiendas de que es uno de los referentes obligados del género) se puede decir que “volvimos” a la ciencia ficción más popular y a los orígenes mismos de la new wave representada y contenida por el universo de relatos que poblaban aquellas revistas gringas de los 50’s y 60´s como Galaxy o New Worlds. En este caso, un relato de Henry Kuttner a quien ya tenía muchas ganas de conocer, publicado originalmente en 1942 con todo lo “pulp” que se le pueda pedir a una historia de ciencia ficción de aquella época y que para mayor placer yo tengo en el libro que se ve en la foto, una recopilación con comentarios del legendario editor Mike Ashley.
La historia narra la peripecia que vive un profesor universitario al quedarse solo en casa cuando su esposa viaja a ver a un familiar, y descubrir que su recién comprado tocadiscos último modelo es en realidad alguna clase de entidad alienígena o artificial. Con ayuda de un colega y amigo psicólogo, tratará de comprender la naturaleza de aquel extraño “visitante” hasta llegar a la conclusión –lamentablemente tarde- de que aquello está allí para conquistarlo. La típica historia de invasión extraterrestre, sí, pero con una vuelta de tuerca refrescante que prescinde de imponentes desembarcos o ataques milicianos, y lleva la cosa al terreno de lo que nos interesa al menos en esta nuestra comunidad de aficionados a la new wave: la colonización de la subjetividad.
La introducción a la historia constituye un ejemplo perfecto de narrativa breve: fluida, atrapante, sorpresiva. Una escena inicial que se diluye al comenzar la narración en sí pero que adquiere sentido al concluir la historia, sin que revele necesariamente mucho más de lo que junto con el héroe del relato el propio lector pudo haber deducido. Kuttner se divierte a sus anchas creando imágenes y pasajes que bien podrían pertenecer a uno de los mejores episodios de La Dimensión Desconocida, para luego sumergirse en la exploración de un universo “cercano” pero que de pronto nos resulta extraño: el del propio hogar, como el escenario de una invasión sutil a través de lo que el tocadiscos representa: el ocio, el entretenimiento, la cultura; las “armas” mismas del “american life style” vueltas hacia su propio creador cual Frankenstein venido de alguna otra dimensión.
Los temores (estadounidenses) de posguerra a la penetración cultural, la dualidad, lo “otro” (la competencia en el terreno económico y político), la incertidumbre que presentaban las industrias y culturas europeas en los albores de la Guerra Fría, el avance del funcionalismo y la psicología social (para la cual los regímenes castrenses o totalitarios representaban una fuerte amenaza), y hasta algunos planteos acerca del lugar de la mujer en ese “nuevo” mundo cuya arena de disputa pasa a ser el ámbito de lo doméstico y las relaciones interpersonales, son el plausible escenario en el que Kuttner narra esta historia de “invasión” en clave casi de comedia surrealista que se disfruta mucho y se lee de un tirón. Recomendadísimo.
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