jueves, 30 de marzo de 2023

 La réplica

En los intersticios acecha Dios

Jorge Luis Borges


La muerte del padre Jerónimo Heredia se produjo el 17 de setiembre de 2019, exactamente cien años antes de que el Gobierno Herediano de Dios se proclamara definitivamente y comenzara a regir con toda su plenitud. La fecha comenzó a conmemorarse como el inicio de una nueva era, salvo en unos pocos países del hemisferio norte, donde la negativa a reemplazar los criterios de periodicidad y los nefastos vestigios del racionalismo hicieron que aquellos estados devinieran con el tiempo en pequeños grupos reducidos a la antropofagia, en las islas más alejadas del continente.


El padre Heredia comenzó con sus trabajos acerca del origen de la vida desde muy temprano, apenas salido del seminario. Ya en el año 1935 había publicado un artículo titulado La intervención de la fuerza divina en la formación de los primeros agregados moleculares, en el que mediante un análisis minucioso de la teoría de los coacervatos de Oparín, llegaba a la conclusión de que aún con la presencia de oxigeno y mediante la acción de descargas eléctricas, las estructuras celulares que dieron origen a las primeras formas de vida nunca pudieron surgir a partir de la simple reunión de sustancias orgánicas. Sus ensayos revisionistas fundaron en poco tiempo los principios teóricos que permitieron más tarde desacreditar por completo algunas de las teorías sobre las que se asentaba El origen de las especies, abriéndole el camino hacia una ardua vida de investigación que lo llevaría a librar a los hombres de los prejuicios darwinianos.


Pronto, sus escritos comenzaron a gravitar de manera substancial sobre los estudios más influyentes de la biología y la genética y en poco tiempo muchos agnósticos y científicos ateos comenzaron a regirse por sus conceptos conformando una corriente teórica, que luego de la conversión al cristianismo de estos se convirtió en la Primera Congregación de Investigadores de la Creación. La “teoría herediana”, como figuraba en los tratados y documentos de la época, paso de esa manera a desplazar poco a poco a la teoría evolucionista y a provocar una revolución en el pensamiento y la espiritualidad sin precedentes en la historia del hombre.


Durante su etapa investigativa, el padre Heredia se embarcó en una travesía por la península meso asiática, permaneciendo más de un año en una comuna tamil apostada cerca de los montes Kerbau, sobre el sudeste malayo. Allí estudió diversas especies de monos y observó que la influencia del medio era irrelevante a las mutaciones genéticas de varias de ellas; la herencia, además, ni siquiera se presentaba como agente transmisor en la trívium divinitas, un parásito diminuto de las huertas y los maizales, al que se llamó así en honor a su descubridor. La conmoción provocada por aquellos hallazgos derivó en una certeza irrefutable que a la larga paso a constituirse en una verdadera revelación: la imposibilidad de que el hombre descendiera del mono.


A los estudios realizados por Heredia vinieron a sumársele con el correr del tiempo muchos otros que revalidaban lo sostenido por su teoría. En 1944, el francés Jean-Jaques Filemeau, obtuvo resultados idénticos a los obtenidos por el padre Heredia en Malasia, al someter a distintas condiciones ambientales durante un tiempo prolongado a una misma especie de microorganismos intervinientes en la formación del citoplasma celular, sin que su núcleo presentara modificación alguna. Algunos años después, en el Reino Unido y en Alemania, se hallaron simultáneamente las evidencias últimas de que la exposición de ciertas partículas a los rayos ultravioleta no causaba mayor efecto que su fusión a nivel molecular, abandonando para siempre la hipótesis de que aquel fenómeno podría haber originado en un comienzo los primeros organismos vivos en el fondo del mar. Hasta que finalmente, en el invierno de 1973, el hallazgo en China de una serpiente y su progenie, consideradas hasta entonces como pertenecientes al período Jurásico, dio por tierra definitivamente con la teoría evolucionista y con la vergonzosa ceguera que sumió al mundo durante más de doscientos años en el período histórico más sombrío transcurrido hasta aquel momento.


Ya por entonces, algunos empezaron a presentir de modo muy subliminal, lo que en definitiva terminó por considerarse como la prueba irrefutable del mandato divino, del que el padre Heredia había sido solo su instrumento; rebasando cualquier posibilidad de interpretación científica e incluso excediendo por mucho las capacidades del entendimiento humano. A pesar de que los bastiones de la vieja ciencia racionalista seguían siendo impenetrables y muy numerosos, hasta el más ortodoxo de los genetistas de aquel entonces tuvo que rendirse ante el peso de la Verdad, cuando luego de la muerte del padre Heredia, producida a los 90 años aquel 17 de setiembre de 2019,  la autopsia de su cuerpo reveló que la secuencia de su ADN era exactamente idéntica a la de Charles Darwin.


AUTOR: cibernauta (VP)

ILUSTRÓ: Becker Perla (IG: @becker_perla.m)



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